“Médicos de Irak protestan
contra las pruebas de virginidad por orden judicial” titulaba hace
un par de días Gulf News. El diario de Dubái,
habitualmente cauteloso en su selección de temas como todos los medios
emiratíes, reproducía una información de la agencia France Presse que toca sin
embargo una fibra sensible en toda la región. Las reacciones de los lectores
online ponen de manifiesto el arraigo de esa
obsesión con la virginidad que desborda los límites
del mundo árabo-islámico.

Mantener la virginidad hasta el matrimonio no es una opción para las mujeres en
esta parte del mundo. En algunos entornos sociales puede ser una cuestión de vida
o muerte. Que una joven
mantenga relaciones sexuales antes de casarse se considera una afrenta para la
familia y, si son descubiertas, pueden llegar a morir a manos del padre, un
hermano o un tío. Son los erróneamente llamados crímenes de honor, que
persisten incluso en los países que han eliminado ese factor como atenuante,
amparados por un trasnochado sentido de la honra de la comunidad.
Ante las reacciones en caliente
habituales en esos casos, la vía abierta en Irak parece un avance. Según el
reportaje, si un hombre
considera que su mujer no es virgen en la noche de bodas puede llevar el asunto
a los tribunalesque son los que ordenan las pruebas. El examen se
realiza en el Instituto de Medicina Legal (IML) de Bagdad y de sus resultados
depende que la novia vuelva con su marido o sea repudiada.
“La mayoría resultan a favor de la
mujer, no en su contra, pero [el examen] es en sí mismo… denigrante”, declara
uno de los médicos del IML, donde se llevan a cabo varias pruebas diarias. De
acuerdo con su experiencia, muchos piensan que durante la primera relación la
mujer tiene que sangrar. “Creen
que si no hay sangre, no hay virginidad”, señala antes de añadir que eso indica
que su educación y conocimiento sexual es “muy pobre”.
La misma pobreza intelectual
muestran los lectores que en los comentarios a la noticia de Gulf News justifican esa obsesión con la virginidad por
el imperativo de saber quién es su padre y “no tener bastardos” (sic). Algunos ven en la mera
publicación de la noticia un ataque a “la cultura de Oriente Próximo”. Incluso
los hay que cuestionan la oportunidad de hablar del tema. Una mentalidad
similar explica los exámenes del himen que la Junta Militar de
Egipto impuso a las jóvenes manifestantes por la democracia para intentar
amilanarlas.
Más allá de la humillación que el
procedimiento supone para las mujeres, el asunto pone de relieve su desigualdad
frente a los hombres. En ocasiones, el IML también examina a los hombres de
impotencia, ya que ha
habido casos en los que acusan a la novia de no ser virgen para esconder su
disfunción eréctil.Tanto si es así como si los médicos certifican que
la mujer era virgen, el asunto no tiene consecuencia alguna para el marido. En
tanto que si el resultado es negativo para la esposa, “no hay ley que la
proteja”. Su familia tiene que compensar al hombre por los gastos que la
relación y la boda le hayan ocasionado. Y nada protege a la mujer de la
ira de los suyos.
Por mi experiencia en la zona, y
también por los comentarios en la web de Gulf
News, he llegado a la
conclusión de que la mayoría de quienes
defienden la virginidad como un valor supremo ven cualquier crítica como una
intromisión occidental. Consideran
que la alternativa, dar poder a la mujer sobre su
cuerpo, es fomentar la promiscuidad sexual, algo interpretan como intrínsecamente
perverso.
Desde los medios de comunicación
occidentales también se cae a menudo en el sensacionalismo y la simplificación.
A menudo se atribuye esos comportamientos retrógrados a “los árabes” o “el
islam”, manchando la imagen de una pluralidad de países cuyas posiciones al
respecto no son únicas.
A pesar del mayor conservadurismo
general de esas sociedades respecto a Europa, una de las comunidades con más
asesinatos de mujeres a causa de su supuesta pérdida de la virginidad es la kurda (tanto en la zona iraquí, como turca).
Significativamente, los kurdos no son árabes y se hallan entre los pueblos más
laicos de los que siguen el islam. Quizá un enfoque más acertado sería apuntar
hacia las regiones en las que las estructuras tribales siguen siendo fuertes lo
que conecta Kurdistán con Yemen, Afganistán, Pakistán y también zonas rurales deIndia donde la religión predominante no es
precisamente el islam. Son lugares donde el
sistema patriarcal considera a las mujeres propiedad de los hombres. Mientras eso no cambie, los médicos
del IML de Bagdad van a seguir recibiendo órdenes judiciales para practicar
pruebas de virginidad.